martes, 26 de febrero de 2013

El poder de una ficción: desarrollo de RRHH


    Mucha gente me pregunta el porqué de mi afición a curiosear temas relacionados con los que este blog recoge. Mayor sería la impresión si a algunos les contestase: porque es una ficción que necesitamos. No saben que mi "frikismo" solo es superado por mi nivel de curiosidad, y así será por mucho tiempo. 

    ¿Por qué el desarrollo de recursos humanos ha de llegar a cualquier organización? Esta es la pregunta sobre la que se construye esta entrada, ¿por qué necesitamos eso en las organizaciones actuales? 

   Si utilizo este término, ficción, es porque me gusta más que paradigma (demasiado grande), o tendencia (que suena a algo pasajero). Los seres humanos trabajamos por proyectos, por ideas. Una idea es un ficto, una ficción (porque aún no existe) que queremos convertir en realidad. De este modo, desde nuestros deseos, aspiraciones y objetivos proyectamos en nuestro entorno, con voluntad inteligente,  estructuras, contextos o escenarios que pueden ser, que se pueden construir como algo nuevo, o que pueden cambiar lo que ya está, trabajar sobre lo que hay cultivado. Lo bueno de las ficciones, dice Jose Antonio Marina, es que no dirigen la construcción de algo, sino que sirven de cimiento para la construcción de algo. De ahí que las denomine ficciones constituyentes, y este es un buen ejemplo:
La igualdad de los seres humanos o la teoría del contrato social o de la voluntad popular o de los derechos humanos son ficciones, pero ficciones que han servido para dignificar la convivencia. Lo que se pretende es que lo que era real al principio se convierta en meta a conseguir, en proyecto. Se puede construir un proyecto real, de tal manera que, si desaparece la ficción, lo construido se desploma. El dinero es un buen ejemplo. Es una ficción que produce efectos reales, no es un bien real sino un bien simbólico. En el futuro aparecerán nuevos modos de dinero, nuevos símbolos, pero la ficción constituyente, el establecimiento de un material sin valor como símbolo de valor de compra, permanecerá siempre.
     CREAR ES RESISTIR, RESISTIR ES CREAR. Esto es lo que decía Stéphane Hessel en su obra Indignaos! Resistir en nuestro caso supone derrocar formas de "ser", formas de gestión obsoletas, exclusivas, y que pueden suponer un menoscabo a las condiciones laborales, y son antipáticas al talento. Todo lo que se crea resiste contra lo que ya existe, y de ahí que entré en guerra con la realidad hasta que alguien o algo le deje quedarse donde está. De este modo parece necesaria la existencia de una ficción como la que dice que las personas son un proyecto diverso a potenciar, a desarrollar en el seno de cualquier organización. En palabras de Goethe somos realidades vivas, repito, vivas. 

lunes, 25 de febrero de 2013

Jornada TMT: Mejorando personas y productividad




Para hacer cosas que valgan la pena, a veces hay que escuchar antes cosas que valen la pena. 

    Aquí os dejo el enlace de inscripción de la próxima jornada TMT Valencia, que se celebrará en el Palau de la Música el dia 1 de Marzo de las 9 a las 14 horas. Una vez más el equipo del Centro Europeo de Coaching Ejecutivo y Máster GESTA nos acercan el conocimiento de tres ponentes con gran influencia en las nuevas tendencias de gestión organizativa. Un título que no deja indiferente Nuevos valores: mejorando personas y productividad. En una sociedad que no cesa en cambiar, y que está viendo la necesidad de crear nuevas y remodelar viejas estructuras que integren nuevos o renovados valores, no puede faltar una experiencia como esta. Sin duda, una nueva oportunidad de reflexionar y aprender de profesionales que siempre tienen mucho que decir. 

Para esta jornada, los ponentes serán D. Luis Galindo, Marcos Urarte y Simon Dolan.

Podéis acceder al programa e inscripción en el siguiente enlace:


Inscríbete en la Jornada >>

miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Domingo y hablando de ética? Sí por favor


     Era domingo, sí, domingo. Mi intención de pasar el día "sin hacer nada" se vio truncada por la invitación por parte de Socialnest para asistir al taller que impartía la Fundación ETNOR sobre "Ética en la empresa y en la toma de decisiones". En mi vida he vivido mejor momento para relfexionar y hablar sobre ética y responsabilidad con toda la batería de "tejemanejes" que están saliendo a flote en los medios. NO quiero ni imaginar la hecatombe que supondría auditar en cualquiera de los indicadores de ética o RSE a determinadas instituciones, organizaciones y partidos políticos. Cuantos desahucios habría en el Congreso... Es bueno que hablemos de ética, y lo más importante, que intentemos dar ejemplo. Maquiavelo decía que no se puede gobernar bondadosamente porque los hombres no son buenos. Puedo estar de acuerdo con él, pero lo que si podemos es "gobernar" las organizaciones y a nosotros mismos desde la responsabilidad que hace fundar la ética. No se trata de ser bueno, sino de ACTUAR (que no pensar ni hablar) de acuerdo a un código de valores, un código ético. 

    Stephen Covey y su equipo en La personalidad y la ética del carácter estudiaron el éxito a lo largo de la historia. Descubrieron que casi todos los libros de más o menos los primeros ciento cincuenta años se centraban en lo que podría denominarse la «ética del carácter» como cimiento del éxito: en cosas tales como la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo, la simplicidad, la modestia y la «regla de oro». La ética del carácter enseñaba que existen principios básicos para vivir con efectividad, y que las personas sólo pueden experimentar un verdadero éxito y una felicidad duradera cuando aprenden esos principios y los integran en su carácter básico. La ética del carácter se basa en la idea fundamental de que hay principios que gobiernan la efectividad humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, tan constantes y que indiscutiblemente están tan «allí» como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física. Esto fue así hasta poco después de la Primera Guerra Mundial la concepción básica del éxito pasó de la ética del carácter a lo que podría llamarse la «ética de la personalidad». El éxito pasó a ser más una función de la personalidad, de la imagen pública, de las actitudes y las conductas, habilidades y técnicas que hacen funcionar los procesos de la interacción humana. 


...¿con cual nos estamos quedando?...
  ¿Estamos volviendo a fomentar estructuras que alberguen la ética del carácter como vía de desarrollo responsable y sostenible? Esto no es más que una elección humana. Las personas heredamos una personalidad, aprendemos otra y elegimos otra con la madurez. Con las diferentes subpersonalides que componen a cada uno, y que determinan un camino u otro, cada cual elige una opción, que debe ser seguida con una integridad férrea.