martes, 4 de junio de 2013

¿No están preparados los universitarios?

Cual es la pregunta acertada para describir la situación actual de los jóvenes:

    ¿No están suficientemente preparados para el mundo de la empresa cuando terminan sus estudios? ¿el mercado laboral tiene ineficiencias para absorver tanta oferta de talento? ¿es adecuado el sistema de orientación de los jóvenes durante sus estudios?   Parece obvio que la respuesta es afirmativa en los tres casos.

      Es duro desde luego, encontrarse casi a diario con los datos que proporciona la EPA en nuestro país. El problema del paro juvenil en España es sin duda una de las grandes lacras sociales en la actualidad, un problema que está generando una gran bolsa de lo que yo llamo "NINIs", porque NI son valorados como merecen, NI se les ofrecen oportunidades. Resulta incoherente, que hoy más que nunca hablemos de talento, escribamos más que nunca sobre él, y nuestros jóvenes estén migrando a diario cansados de pertenecer a lo que llamaría “la generación del talento frustrado”. Hemos empujado a una generación a crear y a innovar, y solo les estamos dejando "mirar": mirar cómo pasa el tiempo, o mirar hacia otro lugar. Las últimas y escalofriantes cifras lo sitúan cerca del 57% durante el primer trimestre, lo que supone casi un millón de parados con edades comprendidas entre los 16 y los 30 años.


       Podríamos pensar pensar a priori que estas cifras provienen casi exclusivamente de la mano de obra poco cualificada que ha venido de un sector que casi empleaba al 12% de asalariados, el de la construcción. Pero lo cierto es que no sólo tenemos paro en este perfil de jóvenes, sino que existe hoy día una gran masa de titulados universitarios que se encuentran en la misma situación. Sobrecualificados y a menudo sobreexplotados bajo la figura de “becario”, muchos jóvenes me dicen: “cuando estoy en mi empresa sé que podría hacer las cosas mucho mejor que otros, pero no me dan la oportunidad”. No es casualidad que un reciente estudio exponga que en España se está incrementando el número de empleos que se ofrecen a través de los convenios y las becas, siendo una modalidad de contratación que ha crecido un 8% en cuanto al número de ofertas publicadas en los dos últimos años. Alex Rovira definía en La Buena Vida que la suerte es la combinación entre la preparación y la oportunidad. Conocemos la respuesta a la pregunta del título de esta entrada, ¿qué falta entonces? Falta la oportunidad. Según datos recientes de Job and Talent, ha habido un descenso en el número de convocatorias abiertas para puestos de trabajo de perfiles de recién licenciados “junior” con jornada completa de más de un 10% en los dos últimos años. Aquellos que pretendían acceder por estos canales por su corta experiencia laboral, deberán aumentar mucho más su competitividad si quieren estar durante unos años entre los afortunados.


No es un factor que me agrade señalar, porque creo que la ilusión, la pasión y la motivación, pueden convertir al más teórico en el mejor práctico, pero es importante señalar algunas cosas. Muchos estudiantes tienen una orientación profesional baja, es decir, acaban sus estudios superiores sin tener conocimientos sobre los posibles puestos a desempeñar, habilidades más requeridas, etc. No conocen a penas la vida de empresa, excepto por su pequeña experiencia de prácticas convenidas con la universidad. Todos estos factores dilatan el periodo de incorporación al mercado laboral, lo que supone un sometimiento a procesos de estrés y decepción para los alumnos, y una pérdida para la sociedad en general, que desperdicia el talento de un recién titulado. Muchos de ellos, incluso aquellos se gradúan con honores, y que provienen de las universidades más prestigiosas de España, como la Universidad de Salamanca o la Universidad Autónoma de Barcelona, lamentablemente no son capaces de tener un rendimiento óptimo para la empresa al menos durante los 8 primeros meses. Esto supone un problema a la hora de encontrar un empleo, ya que las empresas lo saben y no contratan a jóvenes con menos de 6 meses de experiencia. Lógicamente si nadie les da la oportunidad, no consiguen la experiencia que necesitan, y así la pescadillla siempre sigue "mordiéndose la cola".

La clave en este sentido parece residir en el modelo formativo actual de las universidades, eminentemente teórico y poco práctico para el mundo de la empresa. Parece caba vez más productiva la combinación de prácticas en empresas en los años que se están cursando los estudios. Algo parecido al modelo de Formación Profesional alemán. No obstante, en el campo de la orientación laboral tenemos también un trabajo pendiente. Ya han quedado obsoletas las prácticas y estratégias que solo llevan al joven a mejorar su curriculum, su entrevista o sus perfiles en las redes sociales. Se hace necesario que empecemos a desarrollar un sistema que alinie la esencia personal, académica y profesional futura de cada joven. Es necesario un desarrollo actitudinal, emocional e integral de aquellos que se van a enfrentar a unas condiciones nunca vistas. No podemos utilizar un modelo de orientación que ya han compartido las generaciones pasadas. 

El otro día tuve la oportunidad de conocer, gracias al blog de Santi García, un concepto cuanto menos interesante: las pink slip parties. Este experto las define como charlas dirigidas a personas que se encuentran buscando un trabajo, y en las que expertos en orientación profesional, coaching y gestión del capital humano, proporcionan de manera altruista consejos útiles y recursos para descubrir sus talentos ocultos, ganar confianza en ellas mismas, y diferenciarse en el mercado de empleo. Este concepto recoge la línea que describía en el parrafo anterior, es decir, un mayor enfoque en el entrenamiento de herramientas que tengan que ver con el desarrollo personal, que apoyen al conocimiento del joven, y le ayuden a ir más allá de su experiencia académica mientras estudia. Hoy por hoy, hacer networking con profesionales del campo es también fundamental, porque de esa relación profesional y social es de la que muchas veces brotan los mejores proyectos.

        Daniel Goleman publicaba hace poco un estudio en el que revelaba la clarividente relación que existía entre el desarrollo de la gestión de emociones con la mejora del rendimiento académico. Lo describía de la siguiente manera: A meta-analysis of more than 200 separate studies that compared students with emotional intelligence-based programs and those without them found that positive behavior increased 10 percent, negative went down 10 percent, and academic achievement scores jumped up 11 percent. These programs, called "social/emotional learning," or SEL, take little or no time from the standard academic topics, yet let children learn better. Singapore is the first nation to mandate that all children there receive SEL.

These are the competencies that distinguish star leaders from average. Teaching these life skills in schools could turn them into leadership academies.

No es de extrañar que ante un panorama como el que se nos presenta, muho jóvenes estén optando por enbarcarse en proyectos innovadores, que les permitan desarrollar sus capacidades, pese a que seguramente no reciban ningún tipo de remuneración. El estudio que describía de Job and Talent señala que ha habido un auge en la demanda de cursos de posicionamiento web para licenciados en áreas de marketing y comunicación, de diseño web para aquellos que han cursado carreras de publicidad, o de perfeccionamiento de herramientas digitales. Si ninguna marca apuesta por ellos, ellos optan por ser su marca, y es lo más admirable que puede haber profesionalmente. El inglés, por su parte, es la otra formación a la que según este estudio más tiempo destinan los jóvenes de estudios superiores, ya que prácticamente en la totalidad de las ofertas de empleo se precisa que el candidato cuente con un elevado nivel de inglés.
Con todo, nos enfrentamos a un contexto en el que cuatro partes deben cambiar inexorablemente si queremos que esto "avance":
  • Las universidades: para ofrecer una formación aplicada al mundo de la empresa, y que desarrolle herramientas personales como apoyo a los núcleos de información y conocimiento que los jóvenes posean. Para crear relaciones con empresas y aplicar programas de práctica continua.
  • Los jóvenes: que han de ponerse en valor irremediablemente, para ser vistos y valorados. La actitud es lo único que nadie les puede arrebatar.
  • Las empresas: cuyas políticas de reclutamiento deben tener en cuenta criterios asociados al contexto, y que no siempre tengan en cuenta la calidad formativa de los candidatos, sino otras dimensiones que componen y definen a un trabajador íntegro. 
  • El Estado: promoviendo programas que fomenten las vías que hemos descrito, y que permitan conectar a los estudiantes y las empresas de una forma más seria y continua. Ofreciendo mayor número de becas y programas de prácticas que permitan a mucho jóvenes sin experiencia, tomar contacto con el tejido empresarial. 
   Queda mucho por hacer en este sentido, pero también es necesario que todos los agentes involucrados se den cuenta de que "queda mucho por deshacer". Ya sabemos que a veces para aprender hay primero que desaprender

Juan Lajarín
Luis Revuelto
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