jueves, 11 de diciembre de 2014

El cortex prefrontal

Tenemos la oportunidad de retar la evolución, cada vez que decidimos crear un proyecto, o trabajar y saber esperar un resultado futuro. Este es el éxito de nuestra inteligencia.     

      Hay una parte del cerebro que siempre me ha interesado más que otras: el cortex prefrontal (CPF), parte anterior de los lóbulos frontales. Si te preguntas porqué, la respuesta es simple. Se sabe que los lóbulos frontales se hallan implicados en una miríada de funciones: lenguaje, control motor y perceptuales de alto nivel. Se asocia sobre todo a la planificación de comportamientos cognitivamente complejos, la expresión de la personalidad, los procesos de toma de decisiones y la adecuación del comportamiento social en cada momento. Se considera que la actividad fundamental de esta región cerebral es la coordinación de pensamientos y acciones de acuerdo con metas internas

    Me gusta guiar a las personas para que avancen, caminen hacia sus objetivos, descubran posibilidades en ellas mismas y su entorno, y por ello creo que debo tener en cuenta la forma en que la inteligencia opera, y por tanto el cerebro. Transmitir esto siempre ayuda a que las personas sean conscientes del posible origen de sus actos, lo que les aporta tranquilidad y sensación de control. De hecho el desarrollo de ésta parte del cerebro en parte la naturaleza lo delega en los pacientes papa y mama. Constituyen el cortex prefrontal de su hijo hasta que este va olvidando que por naturaleza es un ser impulsivo. 



Como recoge el equipo del profesor Tirapu* , los lóbulos frontales se implican en la ejecución de operaciones cognitivas específicas, tales como:
  • Memorización.
  • Metacognición.
  • Aprendizaje.
  • Razonamiento.
  • Resolución de problemas.
     La memorización cada vez se postula más transcendental, al tener que ver con la retención de información y dar respuesta a situaciones de forma eficaz, adaptada a nuestras necesidades, y tener mas recursos de cara a la creatividad (ya que las investigaciones están relacionando la creatividad con la capacidad de manejar la memoria de trabajo o working memory); la metacognición nos acerca a la conciencia, algo fundamental a la hora de querer abandonar hábitos y creencias que nos anclen; el aprendizaje, como un pilar de la evolución; el razonamiento, no siempre algo fiable pero que necesitamos para aplicar criterios de evaluación a situaciones no resueltas y crear soluciones complejas. 



    Las regiones prefrontales permiten el control, la organización y la coordinación de diversas funciones cognitivas, respuestas emocionales y comportamientos, a través de un conjunto de funciones de autorregulación: lo que llamamos funciones ejecutivas. ¿Ves porque nos interesan? Los lóbulos frontales, como principal sustrato anatómico de las funciones ejecutivas, serían los encargados de coordinar la información procedente del resto de estructuras cerebrales con el objetivo de realizar conductas proposicionales o dirigidas a un fin. Sin ellas viviríamos en una eterna quimera. Esto nos viene a decir que son responsables de gran parte de nuestra inteligencia ejecutiva


    Uno de los mayores investigadores de estas áreas del cerebro es Antonio Damasio, quien descubrió a través de la observación en humanos (sobre todo el conocido Phineas Gage) los déficits ocasionados por las lesiones prefrontales: a estas personas les costaba planificar, tomar decisiones, mantener la atención, entre otros problemas.

Veamos que opinan otros expertos:
  • Según Lezak “Las funciones ejecutivas son las capacidades mentales esenciales para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y aceptada socialmente”. 
  • “La capacidad de hallar soluciones para un problema novedoso, llevando a cabo predicciones de las consecuencias a las que nos puede llevar cada una de las soluciones imaginadas”. Tirapu
  • Goldberg propone utilizar el concepto de ‘inteligencia ejecutiva’ para referirse a aquel buen hacer derivado del funcionamiento del lóbulo frontal. Según este autor, a diferencia del factor g, el factor i (talento ejecutivo) sí existe, y es lo que intuitivamente reconocemos como ‘ser inteligente’. “Es el director de orquesta”, dice el investigador.


     Para Goldberg, el CPF sustenta la capacidad del organismo para reconocer en un objeto o problema nuevos, un elemento de una clase familiar de objetos o problemas. Esta capacidad, denominada ‘reconocimiento de patrones’, es fundamental para el mundo mental y, al permitir recurrir a la experiencia previa para enfrentarnos a estos objetos o problemas, la convierte en uno de los principales mecanismos de resolución de problemas (concepto que equipara a ‘sabiduría’). 

    Defiende que mientras las estructuras subcorticales y las regiones sensoriales primarias llevan ‘preimpresa’ la ‘sabiduría del filo’, responsable de las respuestas emocionales básicas y de la percepción sensorial, las regiones corticales más complejas, especialmente el CPF, tienen relativamente poco conocimiento preimpreso a cambio de una gran capacidad para procesar información de cualquier tipo, desarrollar sus propios ‘programas’ o afrontar de forma abierta y flexible cualquier imprevisto que pueda surgir al organismo. El lóbulo frontal contiene, así, el conocimiento sobre qué dio resultado en el pasado y qué me conviene hacer en el futuro, lo que llaman soluciones ejecutivas.

    Como ves, el éxito de dirigir nuestra acción se encuentra en el CPF, en una realidad hecha para al aquí y ahora, de un ritmo frenético en lo que nada es aplazable y las recompensas han de ser inmediatas. Tenemos la oportunidad de retar la evolución, cada vez que decidimos crear un proyecto, o trabajar y saber esperar un resultado futuro. Este es el éxito de la inteligencia.

   Conocida la plasticidad del cerebro, de nuestro compromiso con el desarrollo de las funciones ejecutivas dependerá el mayor o menor éxito personal y profesional de los nuestros. Para hacernos una idea de ello, el profesor Piers Steel, relaciona el éxito profesional y personal al desarrollo y funciones del CPF, porque se constituye enemigo de la procrastinación, el hábito de que sin quererlo dejemos las cosas para mañana, pasado mañana, o para siempre...

Referencias: *J. Tirapu-Ustárroz, A. García-Molina, P. Luna-Lario,T. Roig-Rovira, C. Pelegrín-Valero. Modelos de funciones y control ejecutivo. REV NEUROL 2008; 46 (11): 684-692


Publicar un comentario