viernes, 23 de octubre de 2015

Los tipos de empatía

Seguro que en tu día a día profesional (y a veces personal), alguna vez te has planteado estas preguntas:

¿Alguien se preocupa por mi realmente? 
¿Por qué mi jefe/a y compañeros/as parece que se preocupan por mis problemas pero no hacen nada? 
¿Son mi jefe/a y compañeros/as una especie de psicópatas insensibles?

     Aunque suenen un poco bruscas, seguramente te hagas estas preguntas a menudo. A todos nos ha pasado en el seno de una organización. Las personas siempre hemos querido saberlo todo sobre los nuestros, entender a todos lo que nos rodean, qué opinan de nosotros, por qué los demás piensan de tal modo, o por qué hacen lo que hacen. Si hay una capacidad que muchos hemos deseado tener desde pequeños (después de volar), ha sido la de leer la mente de los demás: la telequinesia. 

     Como no estoy nada documentado en telekinesia, vamos a hablar de los tipos de empatía, y de algo que va un poco más allá. A los dos o tres años, somos capaces de nombrar sentimientos y decidir si un rostro está feliz o triste. Uno o dos años después entendemos que el modo en que otro niño percibe lo hechos determinará su forma de reaccionar. Es tanto el torrente emocional, que estamos más preocupados de entender nuestras emociones que las de los demás. Durante la adolescencia se fortalece otro aspecto, la lectura exacta de los sentimientos ajenos, preparando así el terreno para las relaciones interpersonales más complejas y amables. Los circuitos ejecutivos que nos permite pensar en nuestros propios sentimientos, aplican el mismo tipo de procesos a conocer la mente de los demás. Es decir, que depende de como experimentamos las emociones entendemos a los demás de una determinada manera.


“Si queremos entender los sentimientos de los demás,
debemos entender antes los nuestros”.
  
Tania Singer, Instituto Max Planck de Leipzig